Era una mañana fría, pero eso no representó un obstáculo para que varios ancianos se congregaran. Llegaban por ambos lados de la calle, algunos caminando, otros en auto, llevados por sus familiares o vecinos, y otros en silla de ruedas o con la ayuda de un bastón, incluso con andadera. Se saludaban, aunque a unos pocos les costaba trabajo reconocer al interlocutor debido a las fallas en la vista o en la memoria, o simplemente por los cambios físicos que deja el peso de los años.
Algunos adultos mayores hacían pequeños grupos y comenzaban a recordar viejos tiempos, platicaban de las épocas cuando eran jóvenes y vigorosos, y cómo pretendían a las chicas de la colonia que ya son abuelitas y otras que ya fallecieron. Contaban muchas anécdotas, pero se entristecían cuando hablaban de alguien “que se adelantó en el camino”.
A veces compartían orgullosos los logros de sus hijos o nietos, y algunos hasta de los bisnietos, mientras otros platicaban de sus problemas de salud o penurias económicas. Uno que otro comentaba emocionado sobre sus primeros empleos o sus primeras tardeadas, precisamente donde varios se habían conocido; otros hacían remembranza sobre sus progresos en la vida laboral. No faltaban los que habían vivido algún tiempo lejos de su lugar de nacimiento para probar fama y fortuna; algunos, previsores, tenían la satisfacción de haber formado y cuidado un patrimonio para tener una vida tranquila en la vejez, alguna casa en renta o un ahorro.
Sin embargo, la mayoría de los abuelitos vivía al día, sujetos a lo que su familia o un alma caritativa les quisiera dar. De pronto, todos los cuchicheos cesaron para formar una fila, pues habían llegado los funcionarios del programa social. Para los viejecitos era un día de fiesta, ya que cobraran escasos 2,000 pesos de “apoyo”, al menos para cubrir algunas de sus necesidades.
En los alrededores aguardaban sus familiares, algunos para ayudarles y otros para quitarles el poco dinero que cobraban. Parecía un verdadero cuento de terror financiero llegar a la vejez sin un peso en la bolsa o limitado, solo para vivir al día.
“La vida es como una carrera, un buen jinete debe ir administrando la fuerza y potencia del caballo; sería un error forzarlo al principio y no dejar nada de energía al final de la carrera. Un caballo sin una buena rienda es como si lo montara un jinete sin cabeza, al menos sin cabeza financiera”, expresa el autor de este breve cuento, Humberto Vergara, coach financiero y creador del sistema Money Kids Niños que Emprenden.
Cada persona debe ser responsable de prever su futuro
Para el especialista en educación financiera y autor del libro Cuentos de Terror Financiero, Humberto Vergara, es necesario terminar con la tradición mexicana y latinoamericana que lleva a los padres a desvivirse por sus hijos con el fin de que se hagan cargo de ellos durante su vejez. “Sin duda no solo es un gesto de gratitud y amor a los padres y madres, sin embargo, debemos cambiarlo por una cultura de previsión y autocuidado financiero”.
Señala que en la actualidad los adultos optan por llevar al extremo las horas que dedican al trabajo para que sus hijos tengan lo que ellos no pudieron tener, lo que conlleva a descuidar la convivencia diaria. “En muchos casos los pequeños también anhelan tiempo de calidad y una formación adecuada, más allá de las cosas materiales. Por un lado implica cambiar el paradigma del trabajo duro por el trabajo inteligente y, por otro, vivir de acuerdo con las posibilidades reales que les pueden dar a los hijos. Podemos ir más allá y analizar si estamos en condiciones económicas de ser padres o madres, y también dejar atrás la costumbre de vivir al día sin tener previsión o un fondo de emergencias, mucho menos ahorro para el retiro. Todo esto y más deberíamos aprenderlo a temprana edad”, expresa en entrevista el también coautor del libro 1,2,3 Educación financiera para niños y jóvenes, auspiciado por Bank of America Merril Lynch y la Universidad Anáhuac.
Vivir a partir de una planeación a corto, mediano y largo plazo implica un cambio de mentalidad, por lo que de inicio es clave dejar de ser reactivos y ser propositivos. “La falta de claridad en los objetivos y la carencia de un plan efectivo para lograrlos se traduce en una existencia complicada para avanzar, crear y consolidar un patrimonio. Cuando no pensamos y actuamos así puede ser más complicado. Se trata de calcular, analizar, visualizar y tomar la mejor decisión, la más eficiente y productiva”, afirma Vergara, quien asesora a personas y empresas, además de educar financieramente a las nuevas generaciones en comunidades marginadas de la selva maya.
“Un buen número de personas piensa que las finanzas personales se tratan solo de números, cuando fundamentalmente se trata de pensar, tomar decisiones y acciones inteligentes”, concluye el coach financiero.